Haikúes del agua
Quiso una nube
embarrar el sendero
por el que anduve.
Llora la nieve
y en agua se transforma
todo relieve.
La lluvia brota
en grises de una bóveda
en bancarrota.
Siempre que llueve
se mojan los tejados,
la tierra bebe.
Triste el fluido
que arranca de tus ojos
su colorido.
Al son del trueno
la lluvia va preñando
todo el terreno.
Llueven cenizas,
el volcán de mi pecho
quedó hecho trizas.
Hay humedades
que arrebatan las mentes
más virginales.
Nube cobarde
a bajar no te atreves
y el suelo arde.
Voy aterido,
de tantos aguaceros
que me han caído.
Lluvia temprana,
agua lavando estragos
muy de mañana.
Llueve en el alma,
dejando un aluvión
de mansa calma.
Cuanto más llueve
más agua hay en la tierra
que al cielo debe.
Acometida
que llueve sobre ti
creando vida.
Lluvia de estrellas,
sábanas que se enredan
entre centellas.
La lluvia cala,
y hasta mi corazón
esa zagala.
Ojos mojados,
por culpa de un engaño
anubarrados.
Suena contralto
la música del agua
sobre el asfalto.
Orna tu pelo
sobre el agua de lluvia
algún lucero.
Negro oleaje,
paraguas como setas
al abordaje.
Ácida lluvia,
el precio del progreso
ya nos diluvia.
Tras tu caída
ávida está la tierra
de nueva vida.
El cielo en plomo
y diez mil sentimientos
en monocromo.
Un aguacero
que arrastre las tristezas
al sumidero.
Llora la tierra.
Por tus lágrimas otras
entran en guerra.
Ay ese olor
que dejas donde hay tierra
alrededor.
Como al asalto,
tu lluvia a veces lava
mi negro asfalto.
Aún fue más raro
la vez que nos llovió
bajo un gran claro.
La lluvia cesa,
los angelitos duermen
y el sol regresa.